15. EL AMOR SIN COMPROMISO

Sé que hace mucho tiempo que no escribo, pero no me olvido para nada. Llevo conmigo mi cuadernito y apunto cada chorrada que se me ocurre. Pienso que es importante. Llevo mucho tiempo sin ningún tipo de inspiración, pero con la esperanza de volver a recuperarla. Aquí cuelgo todo lo que escribo, tanto lo que me gusta como lo que no tanto, pero bueno. Aquí va. Poco a poco recuperando el hábito.

[La escena representa una cafetería llena de mesitas vacías. Bueno, todas excepto una. En la mesa del medio están sentadas dos amigas, cada una con una taza de café. Al fondo una barra y detrás el camarero]

AMIGA 1.- Anda que…

AMIGA 2.- Tanto sexo y tanta tontería. Que parece que sólo pensamos en una cosa. Ya no me refiero al acto en sí. Me refiero a todo lo demás. Ponerte guapa, sentirte querida, los prejuicios. Pensar si te quieren por lo que te quieren o porque sí. [Pensativa] Qué dilema. Yo apuesto mejor por el amor. Por querer y punto, sin más. No cualquier tipo de amor. No digo amor de promesas ni tonterías.

AMIGA 1.- Qué cínica te has vuelto. ¡Tonterías! No habrá gente que le dé importancia a las tonterías.

AMIGA 2.- Yo la primera. Pero me gusta hacer creer que no. Que me da igual. Que no me molesta. Me encanta hacer creer que a mí me da miedo.

AMIGA 1.- ¿El qué?

AMIGA 2.- El compromiso.

AMIGA 1.- ¿El compromiso? ¿No quieres amor?

AMIGA 2.- ¿Por qué metes en esto al amor? Claro que quiero amor. El amor del bueno. En el que no sirven las promesas ni los planes ni llamarse ni escribirse. El de estar ahí a tu lado y sentirte bien. Ni feliz ni eufórica ni completa ni en paz. Bien. Y con eso vale y sobra. Porque todo lo demás ya no depende de otros. Yo quiero quedarme tranquila y no hace falta que me adoren. Si no me adoro ni yo misma. Claro que sienta bien pero no pidas peras al olmo.

AMIGA 1.- ¿Eso es lo que quieres? ¿Amor sin compromiso?

AMIGA 2.- Sí. No. Bueno, es lo que me gusta hacer creer. Cuando pareces relajada es todo más fácil. Si la gente percibe que no esperas nada de ella se sienten más a gusto. Menos tensión. Menos expectativas. Te quieren más, ¿me entiendes?

AMIGA 1.- ¿Que no esperas nada?

AMIGA 2.- Nada. Ni pagar la cuenta ni llamarte al llegar a casa. Ni mensaje de buenas noches ni felicitarte por tu cumpleaños. Que no se trata de eso, amiga. ¡Se trata de mucho más!

AMIGA 1.- Pero tú misma has dicho que finges. Que no es eso lo que piensas. Que te encantan que paguen la cuenta y te acompañen al metro por la noche.

AMIGA 2.- Ya. Pero menuda estupidez vivir con este síndrome del príncipe azul, querida. Que parece que nos tienen locas. Que somos unas histéricas. Aún no me lo creo, pero confío que algún día podré ir sola al metro por la noche sin esperar nada a cambio.

AMIGA 1.- Qué chorrada

AMIGA 2.- No, chorrada no. Lo hacemos todos.

AMIGA 1.- Menuda desesperación, ¿no te parece?

AMIGA 2.- Y que lo digas.

AMIGA 1.- Yo no sé qué decirte.

AMIGA 2.- Así te va. Cambiando el azúcar por el vinagre.

TELÓN

14. PISO CON VISTAS (2ª PARTE)

ESCENA II

(La escena representa el salón del mismo piso. Sin embargo, además de la alfombra ahora hay un sofá cubierto por una sábana y dos cajas al lado derecho de la ventana. A la izquierda en el suelo, unos botes de pintura y un rodillo. A la izquierda de la ventana, una escalera alta para pintar. Encima del sofá, una pila de periódicos. La puerta principal está abierta, la de la cocina cerrada. Por la puerta principal entra GINO con una caja que parece pesada. Deja la caja al lado del sofá. Después entra EVA, la mujer de GINO, una chica con el pelo corto y con bata de andar por casa. EVA cierra la puerta al entrar)

GINO.- (Señala la caja) ¿Era la última?

EVA.- Sí.

GINO.- Menos mal.

EVA.- Uy, qué quejica.

GINO.- (Mira a su alrededor) ¿No sigue esto un poco vacío?

EVA.- Sí, ¿verdad? Uf. ¿Tan pocas cosas tenemos?

GINO.- El salón se nos queda un poco grande.

EVA.- Dale tiempo. En un año volvemos a tener todo abarrotado.

GINO.- No, por Dios…

EVA.- ¡No te preocupes!

GINO.- Encima con todas las velitas por medio, vas a ver.

EVA.- Bueno, ya te he dicho que de momento uso la habitación de invitados.

GINO.- ¡Desde luego!

EVA.- (Se ríe) ¡Qué tonto eres!

GINO.- No, es que luego huele todo fatal. ¿Qué es lo que usas? Es repugnante.

EVA.- No será para tanto…

GINO.- Ya lo creo que sí.

EVA.- (Distraída) Pues no sé. Será la cera de abeja.

GINO.- Será.

EVA.- Bueno, ¿qué? ¿No tienes nunca nada agradable que decir?

GINO.- (Suspira) Que sí, si solo te digo que me molesta. Pero no pasa nada. Me aguanto y ya está.

EVA.- (Se sienta en el sofá al lado de los periódicos) Lo siento de verdad… Ya no puedo pagar el alquiler de la tienda, si no las haría allí.

GINO.- (Tocándole el hombro) Ya lo sé, tonta. No te preocupes. Si lo digo para quejarme de algo.

EVA.- (Triste) Ya…

GINO.- Que sí. ¡Un día me vas a enseñar a hacer velas!

EVA.- ¿Enseñarte a hacer velas? ¡Anda ya!

GINO.- ¡Que sí! Y así haremos el doble. (Emocionado) ¡Haremos las mejores velas del mundo y nos haremos millonarios!

EVA.- (Riéndose) ¡Anda, tonto! Tú dedícate a tus libros y déjame a mí las velas.

GINO.- ¡Mis libros! ¿Te das cuenta? (Teatral) ¡Somos unos bohemios!

EVA.- Sí, bohemios… ¿Bueno, vamos a pintar o qué?

GINO.- Sí, fui a la ferretería esta mañana a por la pintura.

(GINO va y coge uno de los botes de pintura. Se lo acerca a EVA y se lo da)

EVA.- ¿Qué color es?

GINO.- “Verde Adagio” según el de la tienda. Ese querías, ¿no?

EVA.- Sí, perfecto. ¿Empezamos?

GINO.- Por supuesto.

(EVA se levanta del sofá y se tropieza con la alfombra, pero no se cae. GINO corre a ayudarla y le coge el bote de pintura)

GINO.- ¡Uy! ¿Estás bien? ¡Casi se te cae toda la pintura!

EVA.- Sí, sí. (Mira la alfombra) No me acordaba de que aún estaba aquí. La tenemos que quitar.

GINO.- Para pintar, es verdad.

EVA.- (Confundida) ¿Para pintar? No, no, no.

GINO.- ¿No?

EVA.- Yo no me pienso quedar con esta alfombra.

GINO.- (Disgustado) ¿Por qué?

EVA.- (Se ríe) Es horrible.

GINO.- ¡Pero a mí me encanta! ¡Para invierno nos va a venir genial!

EVA.- Ni loca. La alfombra se va.

GINO.- Pero si nos la regalan. Además, no es tan fea.

EVA.- (Suspira) Vale, no es tan fea. Pero a mi no me gusta.

GINO.- ¿Por qué?

EVA.- Porque me gustaría traer mis propias cosas a casa. No estar mendigando de la gente para que nos regale alfombras viejas.

GINO.- Pero mujer, si no es para tanto. Además, no nos sobra el dinero. La verdad es que nos viene muy bien…

EVA.- No sé…

GINO.- (Rogando) Anda, venga… No seas así…

EVA.- (Resuelta) Seguro que nadie nos la regala. Esta alfombra la van a querer de vuelta. Van a venir los hijos de la señora, que aún se tienen que llevar el armario, y se la van a llevar.

GINO.- Entonces no deberíamos tirarla hasta que vengan.

EVA.- De acuerdo (Pausa). No la tiramos hasta que vengan. Si nos la regalan lo hablamos.

GINO.- (Estrechándole la mano) Hecho.

(Llaman al timbre. GINO y EVA se quedan mirando la puerta sin reaccionar durante un momento. Vuelven a llamar)

EVA.- Deberíamos abrir.

GINO.- (Distraído) ¿Qué?

EVA.- (Reaccionando) ¡Que deberíamos abrir la puerta!

GINO.- ¡Ah, sí!

(GINO corre a la puerta y la abre. Al otro lado se encuentra LAURA, la hija de la mujer que les vendió el piso. Los tres se quedan callados durante un segundo)

LAURA.- (Entrando un poco en el piso) Hola.

GINO.- (Perplejo) Hola.

EVA.- (Caminando hacia la puerta) ¡Perdón! Es que aún no hemos tenido visitas. Nos acabamos de mudar.

LAURA.- Ya lo sé.

GINO.- ¡Pasa, vecina!

LAURA.- (Se ríe) No, no. No soy vuestra vecina. Veréis, soy Laura, la hija de Lucrecia.

EVA.- ¡Lucrecia!

GINO.- (Confuso) ¿Lucrecia?

EVA.- Sí, hombre. ¡La señora que nos vendió el piso!

GINO.- ¡Claro! (A LAURA) Pasa, por favor. Yo soy Gino y ella es Eva.

(LAURA entra y les da dos besos a cada uno)

LAURA.- Encantada. El agente me dijo que ya estabáis instalados y pensé que me pasaría para que habláramos.

EVA.- (Mirando a su alrededor) Instalados, lo que se dice instalados…

GINO.- (Cerrando la puerta) No del todo.

LAURA.- (Examinando la habitación) ¿Vais a pintar?

GINO.- Sí, aunque en realidad tampoco hace mucha falta. Pero nos gustaría darle otro toque.

LAURA.- Claro que sí. Mi madre no ha cambiado nada desde que se mudó hace cuarenta años.

EVA.- Pues es un piso estupendo.

LAURA.- Sí, es grande. Un poco frío en invierno.

GINO.- (Interrumpiendo) ¿Vienes a por las cosas de tu madre?

LAURA.- Sí. Me dijeron que aún quedaban muebles. Será que la mujer no ha querido venderlos.

EVA.- Lo entiendo perfectamente.

LAURA.- Ya, pero ella no se encuentra muy bien de la cabeza. No podemos acumular toda su porquería.

GINO.- Bueno, lo único que queda es el armario de la habitación y la alfombra.

LAURA.- (Extrañada) ¿El armario de la habitación?

GINO.- Sí. Es como así de grande (haciendo un gesto con la mano a la altura de su cabeza) y oscuro.

LAURA.- (Cayendo en la cuenta) ¡Claro! ¡El armario! Pero ese nunca ha estado en la habitación. Siempre ha estado en el salón. ¿En la habitación no había ya un armario empotrado?

GINO.- No, no. Vamos, no lo hemos visto. A lo mejor lo tapaba el mueble. Cuando vinimos a ver el piso estaba en la habitación y ahí sigue.

LAURA.- Qué raro.

EVA.- ¿Cómo lo habrá movido?

LAURA.- Seguramente lo haya hecho mi hermano. Pero no sé por qué.

GINO.- A lo mejor para vaciar el salón.

EVA.- ¿Por qué iba a querer vacíar el salón?

GINO.- Yo qué se.

LAURA.- (Sin darle importancia) Bah, cosas de viejas. Esto solo me demuestra que está mejor en la residencia.

EVA.- Qué pena, ¿verdad?

LAURA.- ¿El qué?

EVA.- Tener que meter a tu madre en una residencia.

LAURA.- (Distraída) Sí, un poco la verdad. Pero al final estás haciendo lo que es mejor para ella.

GINO.- (Interrumpiendo) ¿Quieres tomar algo?

LAURA.- ¿Qué tenéis?

(EVA y GINO se miran)

AMBOS.- Agua.

LAURA.- Un vaso, por favor.

(GINO entra en la cocina. EVA y LAURA se quedan solas)

LAURA.- ¿Tenéis niños?

EVA.- (Sentándose en el sofá) Qué va. Pero queremos tenerlos.

LAURA.- Qué bien.

EVA.- Sí. ¿Tú tienes hijos?

LAURA.- (Seria) Sí. Dos. (Mira hacia otro lado) Tienen diez y doce años.

EVA.- ¡Ah! ¡Estupendo! ¿Y tu marido?

LAURA.- (Sonriendo) Divorciada.

EVA.- Lo siento…

LAURA.- (Se ríe) No, no, no. No lo sientas.

EVA.- Oh, entiendo.

LAURA.- ¿Y a qué se dedica Gino?

EVA.- Escribe biografías.

LAURA.- ¿Ah, sí? ¿Biografías? Qué interesante.

EVA.- No, no lo es.

LAURA.- No mucho. Pero hay cosas más aburridas. ¿Alguna que yo conozca?

EVA.- Probablemente no. Pero a él le encanta.

LAURA.- Eso es lo que importa

EVA.- Sí, la verdad es que sí.

(LAURA pone cara rara, como si oliese algo desagradable)

LAURA.- ¿A qué huele? ¿Es la pintura o algo?

EVA.- ¡Oh, no! Es la cera.

LAURA.- (Se sienta al lado de EVA) ¿La cera?

EVA.- ¡Sí! Hago velas.

LAURA.- (Muy contenta de repente) ¿En serio? ¡Qué maravilla!

EVA.- (Extrañada) ¿Ah, sí?

LAURA.- Sí, sí, sí. ¡Qué buena idea!

EVA.- (Suspirando) Pues hasta ahora no ha sido muy rentable…

LAURA.- ¿No? ¿Y eso?

EVA.- La gente últimamente no gasta su dinero en velas.

LAURA.- ¿Por qué?

EVA.- Bueno, las sectas siempre son clientes fieles.

LAURA.- (Seria) ¿De verdad?

EVA.- (Riéndose) ¡No, no! ¡Es broma!

LAURA.- Ah. Bueno, es que no me parecía tan descabellado.

EVA.- ¿Lo de la secta? ¿Por qué?

LAURA.- Bueno, en algún lugar tendrán que comprar las velas.

EVA.- Tampoco lo había pensado. Supongo que en IKEA.

LAURA.- ¿En IKEA? Sí, claro. ¿Por qué no las iban a comprar en IKEA?

(Vuelve GINO de la cocina con una taza y se acerca a LAURA)

GINO.- Lo siento, no tenemos vasos todavía. Solo he encontrado una taza.

LAURA.- (Cogiendo la taza) Gracias. (Se levanta del sofá y se acerca a la puerta) De todas formas, ya me iba.

(EVA se levanta. GINO va hacia la puerta con LAURA)

GINO.- ¿Pero no quieres ver el armario?

LAURA.- Quedaos con el armario.

GINO.- ¡También os habéis dejado la alfombra!

LAURA.- (Distraída) Sí, sí. Quedaos con todo. Lo íbamos a tirar de todas formas.

EVA.- Pero si la alfombra es estupenda. Debe ser carísima.

LAURA.- No tengo donde meterla.

(LAURA abre la puerta y GINO se la sujeta)

GINO.- Bueno, pues vuelve cuando quieras.

LAURA.- Sí. (A EVA) Oye, ¿tienes una tarjeta o algo? Conozco gente interesada en tus velas.

EVA.- (Extrañada) ¿Ah, sí?

LAURA.- Sí. Decoradores y eso.

GINO.- ¿Decoradores?

LAURA.- Sí, decoradores.

EVA.- Ah. Sí, espera un momento.

(EVA se va a la habitación y GINO se queda con LAURA)

GINO.- ¿Te ha contado lo de las velas?

LAURA.- Sí, me lo ha contado.

GINO.- Huele fatal, ¿verdad?

LAURA.- Sí, bueno, el olor es un poco raro.

GINO.- Aunque te acostumbras, como a todo.

LAURA.- Supongo que sí.

(EVA vuelve con una tarjeta en la mano y se la da a LAURA)

LAURA.- Muchas gracias. Bueno, ya hablamos. (A GINO) Suerte con tus biografías.

GINO.- Gracias.

EVA.- ¡Hasta luego!

(LAURA se va y GINO cierra la puerta)

GINO.- Bueno, por lo menos nos quedamos con la alfombra.

EVA.- (Distraída) Qué mujer más rara.

GINO.- ¿Por qué?

EVA.- Porque sospecho que sus amigos no son decoradores.

 

TELÓN

 

 

 

13. PISO CON VISTAS (1ª PARTE)

(La escena representa el salón de un piso vacío. Las paredes son blancas y al fondo hay una ventana. A la derecha la puerta de entrada. A la izquierda la puerta al pasillo y las habitaciones. A la izquierda de la ventana la puerta a la cocina, abierta, por la que se puede ver la nevera y una encimera. Lo único que hay en el suelo del salón es una alfombra. Se escucha una llave abriendo la puerta principal. Entra el AGENTE, con un maletín en la mano, seguido del INQUILINO. El AGENTE deja el maletín en el suelo)

AGENTE.- Bueno, pues aquí la tiene.

INQUILINO.- (Mirando a su alrededor) Vaya. Me gusta. Me la imaginaba más pequeña.

AGENTE.- Sí, la verdad es que las fotos de la web engañan. Pero no está mal, ¿verdad?

INQUILINO.- No, para nada. ¡Para el precio que tiene!

AGENTE.- Ya, tenían prisa en venderla.

INQUILINO.- Lo entiendo. Mejor para mí. (Se ríe) ¿Hay alguien más interesado?

AGENTE.- De momento no. Ha venido mucha gente a verla, pero luego nadie vuelve a llamar.

INQUILINO.- Bueno, aún no he visto el resto de la casa, pero mi mujer vino a verla y le encantó.

AGENTE.- ¿Ah, sí? ¿Ya vino a verla?

INQUILINO.- Sí, se llama Eva. ¿Se acuerda?

AGENTE.- (Pensativo) Eva… ¡Sí, ya me acuerdo! ¿Con el pelo corto?

INQUILINO.- ¡Sí, la misma!

AGENTE.- Claro que sí, ya me acuerdo. La dejó apalabrada, ¿verdad?

INQUILINO.- Sí, eso me dijo. Miedo me da. Pero bueno, hoy me toca verla a mí.

AGENTE.- Por allí se va a las habitaciones. La orientación es sur, por lo que en invierno da el sol todo el día.

INQUILINO.- ¿Y quién la vende?

AGENTE.- Una señora ya muy mayor. Se quedó viuda hace muchos años y sus hijos la van a llevar a una residencia.

INQUILINO.- Vaya. Qué pena.

AGENTE.- Sí, la verdad es que sí.

INQUILINO.- ¿Y por qué tienen tanta prisa en venderla?

AGENTE.- Necesitan el dinero. La hija quiere comprarse un adosado.

INQUILINO.- Entiendo. ¿Y no quieren vivir aquí?

AGENTE.- No están interesados, no.

INQUILINO.- Bueno, si tiene niños lo entiendo. Este piso se queda un poco pequeño.

AGENTE.- Sí, tienen dos ya mayorcitos.

INQUILINO.- Seguro que a mi mujer le gusta.

AGENTE.- ¿Cómo es que no ha venido?

INQUILINO.- Trabaja. La tienda le está quitando mucho tiempo.

AGENTE.- Cierto. Tenía una tienda de… ¿jabones?

INQUILINO.- Velas.

AGENTE.- ¡Velas, es verdad!

INQUILINO.- Aunque como van las cosas… Puede que tenga que pensar en otra cosa.

AGENTE.- Lo cierto es que las velas no parecen un negocio muy lucrativo.

INQUILINO.- Para nada. Sólo buscaba algo que hacer con su tiempo y le gusta hacer velas. Durante una época se dedicó a las marionetas, luego a cocinar, bisutería, decoración…

AGENTE.- (Se ríe) Le debe volver loco.

INQUILINO.- La verdad es que sí. Y no aguanto el olor de la cera todo el día ¡Pero qué le voy a hacer! Le gusta lo que hace.

AGENTE.- Eso es lo que importa. ¿Quiere ver el resto de la casa?

INQUILINO.- Sí, sí.

AGENTE.- (Señalando la puerta del pasillo) Por aquí.

INQUILINO.- ¿Tenía dos habitaciones?

AGENTE.- Exactamente. La principal y la de invitados. ¿Tienen hijos?

INQUILINO.- Aún no, pero queremos tenerlos.

AGENTE.- La habitación pequeña es perfecta. Lo suficientemente grande para dos camas incluso.

(El INQUILINO sale de escena por la puerta del pasillo. El AGENTE se queda en el salón.)

AGENTE.- (Gritando hacia el pasillo) La segunda puerta es el dormitorio principal.

INQUILINO.- (Desde dentro) Es un poco pequeño, ¿no?

AGENTE.- Sí, comparado con el salón. Pero tiene baño propio.

(El INQUILINO vuelve al salón)

INQUILINO.- La verdad es que no necesitamos nada más grande.

AGENTE.- Si quitan ese armario tan grande la habitación gana mucho espacio.

INQUILINO.- Sí, le quería preguntar por ese armario. ¿Cómo es que han sacado todos los muebles y ese es el único que han dejado ahí?

AGENTE.- No lo sé, la mujer está ya muy mayor y es un poco excéntrica. Habrá pedido que no se lo lleven.

INQUILINO.- ¿Hay algo dentro?

AGENTE.- Ni idea. Está cerrado y no sé dónde puede estar la llave.

INQUILINO.- Hablaré con la hija para ver si va a venir a buscarlo o algo.

AGENTE.- (Rebusca en el maletín y saca una tarjeta) Claro, aquí tiene su teléfono.

INQUILINO.- Muchas gracias. Me encanta comprar un piso y que me den cosas que hacer…

AGENTE.- Bueno, a lo mejor la hija decide regalarles el armario.

INQUILINO.- ¿Para qué voy a querer yo ese monstruo?

AGENTE.- A lo mejor en el salón no queda mal.

INQUILINO.- (Suspira) Bueno, lo hablaré con mi mujer. Seguro que encima le encanta.

AGENTE.- (Se ríe) ¡Quién sabe!

(El INQUILINO se mueve por el salón y se queda mirando la alfombra)

INQUILINO.- ¿Y eso?

AGENTE.- ¿El qué? (Señala al suelo) ¿La alfombra?

INQUILINO.- Sí. ¿También se la van a llevar?

AGENTE.- No lo sé. Tendrá que preguntárselo también a la hija.

INQUILINO.- Es una alfombra muy bonita.

AGENTE.- La verdad es que sí. No sé por qué se la han dejado.

INQUILINO.- Pues ojalá tengamos suerte, porque me gustaría quedármela.

AGENTE.- Si no se la han llevado probablemente no la quieran.

INQUILINO.- Esperemos que no.

AGENTE.- ¿Quiere ver la cocina?

INQUILINO.- Sí, sí. La cocina.

AGENTE.- (Señala la puerta de la cocina) Está ahí mismo.

(El INQUILINO entra y sale de la cocina)

INQUILINO.- A mí me parece que está bien. Tampoco la vamos a usar mucho.

AGENTE.- ¿No suelen cocinar?

INQUILINO.- Muy de vez en cuando. A mi no me gusta y a mi mujer solo le gustan las velas últimamente.

AGENTE.- Entiendo. Bueno, ¿qué le parece la casa?

INQUILINO.- Creo que Eva tenía razón. Me gusta mucho. ¿La dejó apalabrada?

AGENTE.- Así es. Si la quieren es suya.

INQUILINO.- Pues cuando llegue a casa le preguntaré, pero si ella la quiere yo también la quiero.

AGENTE.- (Sonriendo) Bueno, entonces bienvenido a su nueva casa. Le dejo un momento.

(El AGENTE recoge el maletín y se va. El INQUILINO se queda pensativo durante un momento. Coge el teléfono móvil y marca.)

INQUILINO.- ¿Eva? ¿Me oyes? Ya he visto la casa. (Pausa) Sí, sí, me ha encantado. (Pausa) Un poco pequeño, pero si sacamos el armario yo creo que se queda mejor. (Pausa) Bueno, luego hablamos, ¿vale? (Pausa) Yo también te quiero.

(Durante un momento el INQUILINO se queda quieto. Se agacha y acaricia la alfombra. Se levanta y sale por la puerta principal)

 

TELÓN

12. CÓMO CREAR UNA COMPAÑÍA DE TEATRO

(La escena representa el escenario de un teatro. Sobre el escenario no hay absolutamente nada excepto dos sillas a la izquierda y una lámpara de pie a la derecha del todo. En una de las sillas se sienta el DIRECTOR, que escribe sin descanso en una pequeña libreta. En la otra silla está sentado el AUTOR con el libreto de la obra en su regazo. Por la derecha entra el ACTOR 1)

ACTOR 1.- Buenos días.

AUTOR.- Hola.

DIRECTOR.- (Sin dejar de escribir) Por favor, puedes empezar.

ACTOR 1.- Mi nombre es…

DIRECTOR.- (Interrumpiendo) ¡No me importa tu nombre! ¡Comienza!

ACTOR 1.- Quería recitar una breve poesía escrita por mí mismo.

AUTOR.- (Sonriendo) ¡Fantástico! Puedes empezar.

ACTOR 1.- (Carraspea. Se saca un papel del bolsillo y lo lee sin ninguna emoción) “Esperaba el otro día. Esperaba con mi maraca. No tocaba la maraca, solo la sostenía. Entonces empecé a cantar. Cantaba mi sinfonía. Sin tocar la maraca, solamente la sostenía” (Se guarda el papel en el bolsillo y se queda de pie serio)

DIRECTOR.- (Deja de escribir y mira fijamente al ACTOR 1) Yo creo que ha estado bravísimo.

AUTOR.- (Mirando al director) ¿Sí? ¿Tú crees? No sé… (Al ACTOR 1) ¿Para qué papel te querías presentar?

ACTOR 1.- Para el frutero.

AUTOR.- ¿Qué frutero?

ACTOR 1.- Sí, al final del primer acto. La hija del alcalde va a encontrarse con su amado en frente de la frutería. Me encanta el papel del frutero.

AUTOR.- Verás, la frutería está cerrada, no hay ningún frutero.

ACTOR 1.- Sí, pero he pensado que lo que necesita esa escena es un frutero.

DIRECTOR.- (Pensativo) Quizá tenga razón… (Al AUTOR) ¿Podemos meter un frutero?

AUTOR.- (Indignado) ¡No! ¡No hay frutero! (Al DIRECTOR en voz baja) Ni siquiera es buen actor, ¿por qué le haces caso?

DIRECTOR.- ¿Que no es buen actor? ¿En serio?

AUTOR.- ¿Tú has visto lo que acaba de leer?

DIRECTOR.- Los escritores sois tan temperamentales… ¡No se os puede decir nada! El chaval sólo quería hacer una crítica constructiva. Además, yo creo que la dirección que necesita esta obra es moderna y original. ¿Qué hay más original que un frutero?

ACTOR 1.- ¡Extactamente lo que yo pienso!

DIRECTOR.- ¡No se hable más! (Al AUTOR) Introduce al frutero.

AUTOR.- (Escribe en el libreto) Bueno, ya veremos cómo queda la escena…

DIRECTOR.- (Al ACTOR 1) Sin embargo, aún nos queda mucha gente a la que ver para el papel del frutero…

AUTOR.- ¿Cómo?

ACTOR 1.- Lo entiendo…

AUTOR.- ¿Gente a la que ver?

DIRECTOR.- Por supuesto.

AUTOR.- ¡Si el papel existe desde hace veinte segundos!

DIRECTOR.- Pero es un papel estelar. ¡Necesitamos a un auténtico talento! (Al ACTOR 1) Si no consigues el papel te puedes quedar como técnico de iluminación.

ACTOR 1.- (Emocionado) ¿Técnico de iluminación? ¡Eso es aún mejor!

AUTOR.- ¿Cómo que técnico de iluminación?

DIRECTOR.- Necesitamos un técnico de iluminación.

AUTOR.- (Al ACTOR 1) ¿Sabes algo sobre iluminación?

ACTOR 1.- No mucho. (Señala a la lámpara) ¿Eso es una lámpara?

DIRECTOR.- ¡Sí, lo es! ¡Contratado!

ACTOR 1.- (Se acerca a darles la mano al DIRECTOR y al AUTOR) ¡Muchísimas gracias! ¡No se arrepentirán!

AUTOR.- Madre mía…

ACTOR 1.- ¿Cuándo empiezo?

DIRECTOR.- Pues ahora mismo. Quédate al lado de la lámpara por si de repente se apagara o algo así.

ACTOR 1.- (Situándose al lado de la lámpara) Por supuesto.

AUTOR.- Sí, claro, por si de repente se apaga… Pasa mucho.

DIRECTOR.- No podemos correr riesgos. No es el momento de arriesgar todo nuestro dinero.

AUTOR.- (Asustado) ¿Qué dinero? ¿Hemos puesto dinero en esto?

DIRECTOR.- Por favor, no hablemos de esto delante del técnico de iluminación.

AUTOR.- Ay… Bueno… (Gritando hacia la entrada) ¡Siguiente!

(Entra la ACTRIZ)

ACTRIZ.- Buenas tardes.

DIRECTOR.- (Vuelve a escribir en la libreta) Buenas tardes.

AUTOR.- (Confundido) Hola… Perdona, tiene que haber habido una equivocación.

ACTRIZ.- ¿Cómo?

AUTOR.- No hay personajes femeninos en la obra.

ACTRIZ.- ¡Ah! ¡Ya lo sé!

AUTOR.- ¿Qué haces aquí entonces?

ACTRIZ.- Vengo por el papel de frutero.

DIRECTOR.- ¡Maravilloso! ¡Comienza!

AUTOR.- (Más confundido aún) El papel del frutero… (Suspira) Ay… Puedes empezar.

(La ACTRIZ empieza a dar vueltas en círculo por el escenario. A la tercera vuelta se para y mira al público. Se hace una bola en el suelo y comienza a rodar. Se levanta y da un salto.)

AUTOR.- (Interrumpiéndola) Perdona, ¿qué haces?

DIRECTOR.- ¡No la interrumpas!

ACTRIZ.- Verá, es que he pensado que el frutero podría ser un personaje mudo. Para darle más dimensión a su personalidad.

ACTOR 1.- ¡Vaya! La verdad es que ha estado genial.

ACTRIZ.- Gracias.

DIRECTOR.- Sí, me gusta tu perspectiva. Apúntate en la lista que hay fuera y te llamaremos.

AUTOR.- (Indignado) ¿Cómo que un personaje mudo?

DIRECTOR.- ¿Qué?

AUTOR.- ¡El frutero no va a ser un personaje mudo!

DIRECTOR.- Pero hombre, ¿qué más da? Si hasta hace dos minutos ni siquiera había frutero.

AUTOR.- Pero…

DIRECTOR.- Además, la chica tiene talento.

AUTOR.- ¿Qué la chica tiene talento? ¡Ni siquiera ha leído! ¡Tenía más talento el iluminador!

DIRECTOR.- (En voz baja) Por favor, no podemos hablar de esto delante de los actores.

AUTOR.- (A la ACTRIZ) Puedes irte, gracias.

(La ACTRIZ sale)

DIRECTOR.- (Al AUTOR) ¿Para qué me contratas si no vas a hacerme ningún caso?

AUTOR.- (Indignado) ¡No te he contratado! ¡Me has contratado tú!

DIRECTOR.- ¿Tú te estás escuchando? ¿Para qué iba a contratar yo a nadie?

AUTOR.- ¡Y yo qué sé! ¡Si ni siquiera te conozco!

DIRECTOR.- (Dolido) Eso ha sido un golpe bajo… Creía que lo nuestro era especial.

AUTOR.- (Levantándose de la silla) ¿Especial?

DIRECTOR.- ¡Sí, para mí lo era!

AUTOR.- ¡Si te conocí ayer!

DIRECTOR.- A mí el productor me había hablado maravillas de ti, que lo sepas…

AUTOR.- ¿Maravillas? ¿Qué productor?

(Silencio)

DIRECTOR.- Pues… (Confundido) El productor.

AUTOR.- ¿Hay un productor?

DIRECTOR.- ¿No conoces al productor?

AUTOR.- No.

DIRECTOR.- Vaya.

AUTOR.- ¿Quién es el productor?

DIRECTOR.- Ni idea.

AUTOR.- Pero tú conoces al productor.

DIRECTOR.- (Sonriendo y tranquilo) Qué va.

AUTOR.- Pero… El que te ha hablado maravillas de mí.

DIRECTOR.- ¿Maravillas de ti? Aprecio tu trabajo pero tampoco es que sea una obra maestra.

AUTOR.- (Suspira) ¿Alguna vez has dirigido una obra?

DIRECTOR.- No, la verdad es que no. Mi médico dice que mi desorden me lo impide.

AUTOR.- Entiendo. ¿Mental?

DIRECTOR.- Alimenticio.

AUTOR.- Oh.

DIRECTOR.- Anda, siéntate. Nos quedan muchos actores aún.

AUTOR.- (Sentándose) No sé si tantos.

DIRECTOR.- ¿Estás de broma? Mi buen nombre les debe haber atraído como moscas.

AUTOR.- ¿No decías que era tu primera obra?

DIRECTOR.- Mi buen nombre como iluminador.

ACTOR 1.- (Emocionado) ¡Sabía que le conocía de algo!

DIRECTOR.- (Al ACTOR 1) Luego te firmo un autógrafo.

AUTOR.- (Al ACTOR 1) Creía que eras actor.

ACTOR 1.- Sí, pero también soy un fanático de la iluminación, como pueden ver. (Señala la lámpara)

AUTOR.- Por supuesto.

DIRECTOR.- Por cierto, buen trabajo.

ACTOR 1.- ¡Muchísimas gracias!

AUTOR.- (Gritando hacia la puerta) ¡Siguiente!

(Entra el ACTOR 2)

ACTOR 2.- Buenos días.

DIRECTOR.- Buenos días. ¿Qué vas a interpretar?

ACTOR 2.- Nada. Vengo para iluminador.

ACTOR 1.- ¡No! ¡Sabotaje!

(El ACTOR 1 apaga la lámpara, la coge y sale del escenario con ella)

 

TELÓN

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11. GENTE DE TRENES

(La escena representa una pequeña estación de tren. Al fondo un banco pegado a la pared. En el banco sentado un SEÑOR leyendo el periódico. A la derecha la entrada de la estación. A la izquierda la puerta al andén. De la pared cuelgan carteles con los horarios de los trenes y el recorrido. A la derecha del banco una ventanilla de venta de billetes. Tras la ventanilla está sentada una SEÑORA. Alguien llama a la puerta de entrada de la estación.)

SEÑOR.- (Sin apartar la mirada del periódico) ¡Adelante!

(Por la puerta entra un CHICO. Se quita el abrigo y se sienta en el banco al lado del SEÑOR.)

SEÑORA.- (Desde la ventanilla) Hola, cielo. ¿Qué tal?

CHICO.- Bastante bien. Estuve comprando maquetas.

SEÑOR.- (Emocionado) ¿De trenes?

CHICO.- Sí, papá. De trenes.

SEÑOR.- Bien hecho, hijo. Son las mejores. Nunca quedarás decepcionado.

SEÑORA.- Es verdad. ¡Qué maravilla! Eso ha sido un día provechoso.

CHICO.- (Desanimado) Sí…

SEÑOR.- Pues claro que sí. ¿Qué te pasa?

CHICO.- Nada, nada.

SEÑORA.- ¿No tenían las maquetas que querías?

CHICO.- Claro que sí. Siempre las tienen.

SEÑOR.- ¡Claro que siempre las tienen! ¡Los mejores trenes!

CHICO.- Ya, ya.

SEÑORA.- ¿Entonces qué te pasa?

CHICO.- No sé. Estoy un poco aburrido, eso es todo.

SEÑOR.- ¿Aburrido de qué? ¿De los trenes?

(La SEÑORA y el SEÑOR se ríen)

CHICO.- ¿De los trenes? Puede.

SEÑOR.- (Con un grito ahogado) ¿Qué dices? Anda, cógete el cercanías a Majadahona, ya verás como se te pasa el aburrimiento.

SEÑORA.- Lo que pasa es que hace mucho que no te das un capricho. ¿Qué te parece si te doy tu regalo de cumple adelantado y coges un Ave a Toledo?

CHICO.- No, no hace falta en serio. He pensado que a lo mejor me cojo un autobús esta vez.

(El SEÑOR y la SEÑORA se miran en silencio durante unos segundos)

SEÑOR.- (Extrañado) ¿Un autobús? ¿A dónde quieres ir tú en autobús?

CHICO.- Pues he pensado ir a Pinar del Rey, pero como hasta allí no hay trenes…

SEÑORA.- ¡Un lugar al que no llega el tren no es digno de ser visitado!

SEÑOR.- ¡Y punto!

CHICO.- Pero… ¿Por qué? ¿Y si cojo el metro?

SEÑOR.- ¡El metro!

SEÑORA.- Ese horrible sucedáneo de tren. ¡Un quiero y no puedo! ¡Eso es lo que es el metro!

SEÑOR.- Además, ¿a ti qué se te ha perdido en Pinar del Rey?

CHICO.- Pues la abuela, que no la he visto nunca y vive allí.

SEÑORA.- Claro, se empeña en vivir lejos de una estación de tren.

SEÑOR.- Y pasa lo que pasa. La culpa no es tuya, hijo. Es ella la que ha decidido aislarse del mundo.

CHICO.- ¿Qué decís? Pobre señora, si está sola en casa y no puedo ir a verla.

SEÑORA.- ¿Tú como sabes que está sola en casa?

SEÑOR.- Eso, eso. ¿Qué pasa? ¿Hablas mucho con ella o qué?

CHICO.- Pues sí.

SEÑORA.- Pero si está loca hijo. ¿No ves que vive en Pinar del Rey?

CHICO.- Pero no entiendo por qué no puedo coger un autobús.

SEÑOR.- (Levantándose) Hijo mío. Esta será la última vez que te lo repita. Nosotros somos gente de trenes. ¿Me oyes? Gente de trenes. Vamos en tren. El tren es seguridad. El tren es cercanía. El tren es puntual y nada caprichoso. Viajar en tren es viajar tranquilo. (Con desprecio) ¿Un autobús? ¡Un autobús es una máquina diabólica! A los autobuses hay que esperarlos a la intemperie. ¡Hay incluso algunos que viajan de madrugada! ¿Qué locura es esta?

CHICO.- Pero papá. No pasa nada. Si yo lo entiendo. Y lo de vivir en una estación no está tan mal, en serio.

SEÑORA.- ¿No está tan mal? ¡No vas a estar mejor en tu vida!

CHICO.- Ya, ya. Y tampoco es raro ni nada. Pero, ¿qué va a pasar cuando me independice?

SEÑOR.- Pues chico, que buscarás una pequeña estación con algún compañero de estación. Cuando vayas ganando dinero ya te mudarás a otras mejores. Quizá alguna hasta tenga azulejos en las paredes.

CHICO.- ¿Y estaré vendiendo billetes toda mi vida?

SEÑOR.- No, no. Ni pensarlo. Nuestra vida no ha sido fácil, pero yo quiero que tú tengas más oportunidades de las que nosotros tuvimos. Yo te veo como alguien grande, hijo. Alguien importante. Quién sabe. Maquinista o algo así.

CHICO.- (Triste) Ah.

SEÑORA.- (Enfadada) A ver, ¿qué te pasa ahora?

CHICO.- No sé, yo pensaba en formarme en otra cosa.

SEÑOR.- Claro que sí, hijo. No quiero imponerte mis sueños. Dime, ¿qué te llama más? ¿Mantenimiento de vía? ¿Jefe de estación?

SEÑORA.- ¡No le agobies! ¡Ya lo decidirá! Si además tiene muchas opciones.

CHICO.- Sí, ya veo. Muchas.

SEÑOR.- No te preocupes. Eres joven. Tienes toda la vida por delante.

CHICO.- Ya lo sé. Pero… Quizás no quiero trabajar en una estación.

SEÑORA.- ¿Que no quieres trabajar en una estación?

CHICO.- Pues no.

SEÑOR.- Bueno, no pasa nada. Construir trenes también está muy bien.

SEÑORA.- Ya, pero, ¿tú sabes lo cómodo que es trabajar en tu propia casa?

SEÑOR.- La verdad es que sí. No tienes que salir de la estación para absolutamente nada. Excepto para coger un tren y visitar otras estaciones. Si tienes tiempo incluso puedes hacer trasbordos. ¡La vida es larga y emocionante!

CHICO.- Sí. Sé lo que me decís. (Levantándose) Pero sinceramente creo que no voy  a trabajar en una estación de tren.

SEÑOR.- Oh.

CHICO.- Ni vivir en una.

SEÑORA.- (Llevándose las manos a la cabeza) ¿Qué?

CHICO.- (Caminando muy despacito de espaldas hacia la puerta) Ni quiero volver a ver un solo tren en mi vida.

SEÑOR.- ¿Qué dices? ¿A dónde vas? (Gritando) ¿Qué te crees que estás haciendo?

CHICO.- Irme de aquí para no volver a veros nun…

(Antes de que acabe la frase entra por la puerta un TAXISTA nervioso con unas llaves en la mano y se acerca a la ventanilla donde está la SEÑORA. El CHICO se queda de pie al lado de la puerta)

SEÑORA.- Buenos días. ¿En qué puedo ayudarle? ¿Necesita un billete de tren?

TAXISTA.- No, disculpe. Es que se me ha quedado parado el taxi. ¿Me pueden ayudar?

SEÑOR.- (Levantándose enfadado) ¿El taxi?

TAXISTA.- Sí, señor. Venía por la carretera y no se qué le ha pasado al motor. Y no tengo cobertura. ¿Podría hacer una llamada?

SEÑOR.- (Señalando al CHICO) ¡Tú has organizado esto! ¡Tú le has llamado para hacer el paripé e irte de casa! (Al TAXISTA) ¿Cómo se atreve a entrar en mi casa y pedirnos ayuda para arreglar un estúpido vehículo de cuatro ruedas?

TAXISTA.- ¿Su casa?

SEÑOR.-¡Fuera de aquí inmediatamente!

TAXISTA.- ¡Lo siento! ¡No quería molestar! Es que entré en la estación porque siempre me ha parecido un lugar interesante. Deben de llevar ustedes buena vida aquí.

CHICO.- ¡Sí! ¡Quédese!

TAXISTA.- Un rato no me importaría.

SEÑORA.- (Emocionada) ¡Quédese para siempre!

TAXISTA.- ¿Para siempre?

SEÑOR.- ¿Por qué no?

TAXISTA.- ¿Y qué hago con el taxi?

CHICO.- ¡Yo me ocupo! (Le coge las llaves al TAXISTA) ¡Hasta nunca!

(El CHICO sale por la puerta corriendo)

SEÑOR.- (Abrazando al TAXISTA) Bienvenido a casa.

 

TELÓN

10. LA ENTREVISTA

(La escena muestra el saloncito de una habitación de hotel muy lujosa. En el medio un sofá y a sus lados dos sillones. De la pared cuelgan varios cuadros modernos muy extravagantes. En la mesilla del centro hay un florero con rosas blancas. A la izquierda la entrada a la suite. A la derecha se va al dormitorio. De pie al lado del sillón de la izquierda se encuentra la ASISTENTE, joven y vestida con un traje negro. Por la derecha entra el MAYORDOMO, vestido de traje y corbata y se acerca a la ASISTENTE)

MAYORDOMO.- Buenos días.

ASISTENTE.-  Buenos días.

MAYORDOMO.- Viene usted a entrevistarse con su alteza, si no me equivoco.

ASISTENTE.- Así es.

MAYORDOMO.- Por favor, tome asiento.

ASISTENTE.- (Sentándose) Gracias.

MAYORDOMO.- (Alarmado) ¡Ahí no!

ASISTENTE.- (Levantándose) ¡Perdon!

MAYORDOMO.- Por favor, siéntese en cualquier otro lugar. Debe dejar ese sillón libre.

ASISTENTE.- Entiendo. ¿Manías del príncipe?

MAYORDOMO.- ¡Por supuesto que no! (Se acerca a ella) De su madre.

ASISTENTE.- Ah, ya veo. ¿Es la silla de la reina?

MAYORDOMO.- No, por Dios. La reina no es su madre.

ASISTENTE.- (Atónita) ¿Que la reina no es su madre?

MAYORDOMO.- ¿Me guarda un secreto? Cuando era un bebé le recogimos de una papelera de un centro comercial.

ASISTENTE.- ¡Qué horror! ¿Le abandonaron?

MAYORDOMO.- ¿Qué? ¡No diga tonterías! Su madre era una señora muy despistada. Tiró a su bebé a la basura y se puso a darle el pecho a una servilleta usada.

ASISTENTE.- Oh.

MAYORDOMO.- Total, que la reina se encariñó con el niño y quiso criarlo. A la madre no la hemos vuelto a ver. Seguirá en objetos perdidos en el centro comercial.

ASISTENTE.- ¿Y por qué tienen un sillón vacío por órden suya?

MAYORDOMO.- Porque es tal la bondad de la reina que se empeña en dejar un sillón vacío en cada lugar que visita en recuerdo de la pobre señora.

ASISTENTE.- Entonces el príncipe sabe que la reina no es su madre.

MAYORDOMO.- (Enfadado) ¡No! ¡No lo sabe! ¡Ni lo debe saber!

ASISTENTE.- Pero no entiendo. ¿Por qué me lo ha contado?

MAYORDOMO.- (Se ríe) ¡Porque soy incapaz de guardar un secreto!

ASISTENTE.- Entiendo. ¿Y no le preocupa que no me contrate y sepa su secreto?

MAYORDOMO.- Para nada. Verá, yo no pienso las cosas antes de hacerlas.

ASISTENTE.- Ya veo. Es usted muy espontáneo.

MAYORDOMO.- (Contento) ¡Esa es la palabra!

ASISTENTE.- ¿Y sabe si ha entrevistado a mucha gente?

MAYORDOMO.- Qué va. Usted es la primera. (Mirándola de arriba a abajo muy serio) Y espero que no la última.

ASISTENTE.- Ah…

MAYORDOMO.- (Riéndose) ¡Es broma!

ASISTENTE.- (Contenta) ¡Ah!

MAYORDOMO.- ¡No es para nada la primera! Pero de verdad que quiero que contrate a alguien de una vez.

ASISTENTE.- ¿Lleva mucho tiempo buscando un asistente?

MAYORDOMO.- Sólo cuatro años.

ASISTENTE.- ¿Cuatro años?

MAYORDOMO.- No encuentra a nadie adecuado. Eso sí son manías…

ASISTENTE.- (Preocupada) Vaya…

MAYORDOMO.- (Sonriente) ¡Pero no se preocupe! Iré a avisar al príncipe.

(El MAYORDOMO sale del saloncito y va hacia el dormitorio. Unos instantes después vuelve acompañado del PRÍNCIPE, que viste de etiqueta. La ASISTENTE hace una reverencia y el PRÍNCIPE se acerca a ella. A la pata coja da tres vueltas alrededor de sí mismo)

MAYORDOMO.- (A la ASISTENTE) Es el saludo protocolario…

(La ASISTENTE se pone a la pata coja y da tres vueltas también. El MAYORDOMO se queda de pie cerca de la puerta)

ASISTENTE.- Buenos días, alteza.

PRÍNCIPE.- Buenos días. Y, por favor, prefiero “alteza serenísima”.

ASISTENTE.- Por supuesto, alteza serenísima.

PRÍNCIPE.- Por favor, siéntese. En cualquier lugar excepto aquel sillón que debe permanecer desocupado por alguna razón que no alcanzo a comprender (Señala el sillón).

ASISTENTE.- (Sentándose en el sofá) Gracias por recibirme.

PRÍNCIPE.- (Sentándose en el otro sillón) No hay de qué. Bueno, me han dicho que tiene usted mucha experiencia en asistir.

ASISTENTE.- Así es. Nací para asistir. Me encanta. Desde pequeña he sabido que esta era mi vocación. También planeo adiestrar tiburones. En un futuro, por supuesto.

PRÍNCIPE.- Interesante. Y, cuénteme, ¿dónde le informaron de esta entrevista?

ASISTENTE.- Bueno, alteza serenísima, me enteré por el método habitual. Paloma mensajera.

PRÍNCIPE.- ¿Recibió nuestra paloma? ¡Magnífico!

ASISTENTE.- Tienen ustedes unas palomas estupendas.

PRÍNCIPE.- Es verdad. Es nuestro mayor orgullo en el pequeño país de Europa del Este del cual soy príncipe.

ASISTENTE.- Debo decir que habla muy bien español.

PRÍNCIPE.- ¡Es nuestra segunda lengua!

ASISTENTE.- (Extrañada) Oh.

PRÍNCIPE.- Bueno, pasemos a las preguntas interesantes. ¿Está casada?

ASISTENTE.- No.

PRÍNCIPE.- Perfecto. ¿Tiene hijos?

ASISTENTE.- Tampoco.

PRÍNCIPE.- Mejor aún.

ASISTENTE.- He querido centrarme en mi carrera profesional…

PRÍNCIPE.- Oh, claro. Bueno, yo lo digo porque las mujeres casadas y con hijos en mi país no tienen muy buena reputación… Lo cierto es que la tasa de natalidad en los últimos años ha sido preocupante.

ASISTENTE.- Ya supongo.

PRÍNCIPE.- ¿Habla usted la primera lengua de mi país?

ASISTENTE.- Me temo que no. Entiendo que eso pueda serme desfavorable a la hora de optar al puesto.

PRÍNCIPE.- ¡Para nada! Me encantaría introducir en mi país un toque internacional. ¿Cuando hable en inglés sería capaz de poner un acento exótico?

ASISTENTE.- Lo puedo intentar.

PRÍNCIPE.- ¡Maravilloso! ¿Sabe escribir?

ASISTENTE.- Claro.

PRÍNCIPE.- (Serio) Oh. Bueno, no pasa nada. Pues desaprenda.

ASISTENTA.- (Confundida) Vale.

PRÍNCIPE.- ¿Tiene alguna otra habilidad?

ASISTENTA.- Creo que no. Bueno, leer.

PRÍNCIPE.- Bueno, esa quizá sea necesaria en un futuro. Por el momento no se preocupe demasiado de ello.

ASISTENTA.- Perfecto.

PRÍNCIPE.- (Levantándose) ¡Felicidades! ¡Queda usted contratada!

ASISTENTA.- (Extrañada) ¿Sí?

PRÍNCIPE.- ¡Claro que sí! ¡Es usted perfecta para el puesto! El avión saldrá mañana a las nueve. Esté preparada para que le pase a recoger el trineo oficial.

ASISTENTA.- ¿Trineo?

PRÍNCIPE.- Sí, trineo. No tenemos industria automovilística alguna y no nos gusta importar.

ASISTENTA.- (Levantándose) ¿Y por qué ha venido a España a hacer las entrevistas de trabajo?

PRÍNCIPE.- Ya se lo he dicho. Resulta más internacional.

ASISTENTA.- Perdone, alteza serenísima. Estoy un poco confusa. Me dijo antes su mayordomo que no ha conseguido en varios años contratar a nadie.

PRÍNCIPE.- Cuatro años. Es cierto.

ASISTENTA.- ¿Por qué?

PRÍNCIPE.- (Mirando al sillón vacío) Porque a mamá nunca le ha gustado nadie…

(El MAYORDOMO desde la puerta suelta un grito ahogado de la sorpresa)

MAYORDOMO.- ¡Alteza serenísima! ¿Lo sabe?

PRÍNCIPE.- (Enfadado) ¡Claro que lo sé! ¿Que pensabáis? ¿Que no me entero de las cosas?

MAYORDOMO.- ¡Eso era precisamente lo que pensábamos!

PRÍNCIPE.- Pues ya ves que no es así. ¡Por Dios! ¿No te das cuenta de que nuestro país solo tiene doscientos habitantes?

MAYORDOMO.- Pero dejamos a su madre en objetos perdidos…

PRÍNCIPE.- ¡Pues la hemos encontrado!

MAYORDOMO.- No sabe cuánto lo siento, alteza serenísima… Instalaremos a su verdadera madre en palacio cuanto antes…

PRÍNCIPE.- (Sonriendo) Bah, no te preocupes. Si te soy sincero, no me cae muy bien… (Mira al sofá) Lo siento, mamá. A partir de ahora dejas de ser mi amiga imaginaria.

MAYORDOMO.- Ya está, entonces. Todo arreglado.

ASISTENTE.- (En voz baja) Perdón… ¿Me puedo ir?

MAYORDOMO.- Sí, claro. Abajo le espera un tríneo oficial que la llevará a casa.

PRÍNCIPE.- ¡Descanse esta noche! Mañana nos espera un largo viaje en canoa.

ASISTENTE.- ¿No dijo en avión?

PRÍNCIPE.- (Riéndose) ¡En avión dice! No, querida. Pero aprecio su sentido del humor. Adiós.

ASISTENTE.- Hasta mañana.

(Todos se dirigen a la puerta mientras saltan seis veces dando palmas, el despido protocolario)

 

TELÓN

9. CRISTALES ROTOS

(La escena representa la habitación de una niña de unos ocho años. Las paredes son rosas, al igual que la cómoda situada al fondo del escenario. Encima de la cómoda un espejo. Algunos dibujos colgados de la pared. A la derecha una cama pegada a la pared. Sobre la cama una muñeca. A la izquierda la puerta del cuarto. Entra la NIÑA, con el pijama y dos coletas)

NIÑA.- ¡Ya he vuelto, Margarita! (Salta a la cama y coge a la muñeca) Mamá me ha mandado a dormir. Ahora viene a arroparme, pero tenemos tiempo para hablar. (Susurrando) Tengo que contarte una cosa. ¿Te acuerdas del chico del que te hablé? Creo que ya no me quiere. (Espera la contestación de la muñeca) ¿Que si antes me quería? ¡Claro que sí, Margarita! Me escribió una carta, ¿te acuerdas? ¡Más bonita! Dibujó un corazón y dentro nuestros nombres. Eso es porque me quería. (Silencio) Pues el otro día hablé con él. Le pregunté si se casaría conmigo. Pero el me dijo que nadie nunca se iba a casar conmigo… (Silencio) No lo sé… Estaba tan enamorada… Sí es absurdo. (Silencio) ¿Que por qué me lo dijo? Ni idea. Yo no le hice nada, te lo juro. Sólo fui buena con él. Pero él no ha sido bueno conmigo. Yo creo que estoy yo más enamorada que él. (Silencio) Sí, a mamá ya se lo he contado. Me ha dicho que me trata mal porque le gusto, pero no me acabo de fiar. Eso no tiene sentido, ¿no? (Silencio) Olvídalo, nunca acabaré de entenderlo. (Silencio) ¡Qué buena idea, Margarita! ¡Lo que tengo que hacer es contestarle a la carta! A lo mejor se ha enfadado porque yo no le he escrito otra. ¡Ya está! Mañana en el recreo la escribo y se la doy antes de comer. Perfecto. (Silencio) ¿Qué tal tu día? (Silencio) Vaya, lo siento… No lo sabía. (Silencio) ¿Quién te ha pegado? Si estás sola en el cuarto. (Silencio) Oh, ya veo. Es que no lo sabe, no te preocupes. Solo estaría limpiando y no se da cuenta de que tienes sentimientos. Le diré que tenga más cuidado pero no se lo tengas en cuenta. (Silencio) ¿Necesitas romper un cristal? (Silencio) ¡Si te lo he explicado mil veces!

(La NIÑA se baja de la cama con la muñeca, la sienta en el suelo y saca de debajo de la cama una caja)

NIÑA.- Es la primera vez que te lo enseño, no se lo digas a mamá.

(La NIÑA abre la caja y empieza a sacar trozos de espejo rotos)

NIÑA.- ¿Para qué son? Para ahuyentar la mala suerte. (Silencio) ¡Sí tiene sentido! (Silencio) Ya sé que romper un cristal son siete años de mala suerte, mamá siempre me lo dice. (Susurrando) ¿Te explico lo que pasó? El año pasado estaba yo jugando en el salón. Arriba mamá estaba discutiendo con papá. Gritaban mucho. Cuando volví a mi cuarto había un espejo roto, pero no se dieron cuenta, así que lo guardé. (Silencio) ¿Que por qué lo guardé? Bueno, pues para esperar a que se rompa otro espejo. (Silencio) Pues lo pensé mucho y me di cuenta de que si se rompía otro espejo pueden pasar dos cosas. O siete años más de mala suerte o que se anulen los efectos del primer espejo. (Silencio) ¿Catorce años? Sí, son muchos, es verdad… Pero bueno. Si se anulan los efectos entonces son cero. (Silencio) Ya, hay muchos trozos. Cuando se rompió el segundo espejo guardé los trozos. Pero mucho tiempo después se rompió otro. Entonces tuve que romper otro… Luego volvió a pasar lo mismo. Total, he perdido la cuenta. Ya no sé si tocan años de mala suerte o está todo anulado. Así que por si acaso a veces rompo un espejito y espero a ver qué pasa.

(La puerta se abre y entra la MADRE. La NIÑA guarda rápidamente la caja con los cristales)

MADRE.- ¿Qué haces en el suelo?

NIÑA.- Jugar.

MADRE.- Bueno, pues ahora toca dormir.

NIÑA.- (Metiéndose en la cama) Ya me iba a acostar.

MADRE.- (Acercándose a la cama) ¿A qué estabas jugando?

NIÑA.- A las muñecas.

MADRE.- Bueno, pues ahora hay que descansar. (Le da un beso) Buenas noches.

NIÑA.- Buenas noches.

(La MADRE apaga la luz de la habitación, que solo está iluminada por una lamparita de mesa. Espera unos segundos hasta que la NIÑA se da la vuelta en la cama. Después coge a la muñeca y se va al suelo igual que su hija)

MADRE.- (Susurrando) ¿Tú crees que ya se ha dormido? (Silencio) Sí, es verdad que se duerme muy rápido. (Saca del bolsillo algunos cristales y se los enseña a la muñeca) Mira lo que he traído. (Silencio) Sí, claro que lo sabía. A ver si te crees que nunca he mirado debajo de la cama de mi hija. Y me parece muy bien. La he criado para ser supersticiosa. Si te soy sincera esta superstición me la ha pegado. (Silencio) Sí, claro. Se cree que se anula el efecto del espejo anterior al romperlo. Pobrecita. Cada vez que se le cruza un gato negro busca a otro para que se le anule la mala suerte. (Silencio) Bueno, yo traigo los trozos de espejo. Los guardo aquí. Los podría tirar pero me parece una pena. También me gusta comérmelos, pero eso no se lo digas a nadie. (Silencio) Mi médico me ha dicho que pare… Al parecer engorda. ¿O te mata? No estoy segura… Bueno, aquí están.

(Saca la caja de debajo de la cama y empieza a meter los cristales de nuevo. Guarda la caja otra vez.)

MADRE.- (A la muñeca) Buenas noches.

(La MADRE sale de la habitación. Unos momentos después entra el PADRE silenciosamente y vuelve a sacar la caja)

PADRE.- (A la muñeca) Hola de nuevo. Recuerda, ni una palabra a nadie.

(El PADRE coge los cristales y empieza a comérselos)

 

TELÓN